Y después de la cuarentena, ¿qué?

Cada habitante del planeta que se encuentra en este momento inmovilizado en su hogar, de manera voluntaria u obligatoria, espera con ansias en el día en que por fin la restricción se levante y se pueda volver a la “normalidad”, a la vida que tuvimos hasta que se declaró la pandemia. ¿Será esto posible? ¿Estaremos por fin libres del COVID-19? ¿Podremos cantar victoria? ¿Cómo será nuestra vida cuando las cuarentenas se acaben?

En el Perú, la quincena de inmovilización culmina, en teoría, este domingo 29 de marzo. Pero, aunque así no fuera y se prolongase otras semanas más, la experiencia de los países que han enfrentado el coronavirus con relativo éxito –China, Alemania– indican que el fin de la cuarentena no implica en absoluto que la batalla ha terminado.

-Posibilidad de recontagio-

Por ejemplo, un estudio publicado en la revista JAMA siguió el progreso de la enfermedad en cuatro personas de entre 30 y 36 años de edad que desarrollaron COVID-19 y que fueron tratados en el Hospital Zhongnan la Universidad de Wuhan. Si bien todos con un medicamento antiviral dieron exitosamente negativo para COVID-19 dos veces en dos días consecutivos, hubo un caso de un paciente que 13 días después de la recuperación arrojó resultados positivos del virus. Esto ha sugerido que al menos una proporción de pacientes recuperados pueden seguir siendo portadores del COVID-19.

Se indica la posibilidad del paciente que haya contraído una nueva versión del virus o que su propio sistema no luchó contra el virus por completo y cuando comenzó a replicarse dentro de sus pulmones nuevamente, experimentó un resurgimiento de los síntomas. Lo cierto es que el fantasma no se despeja del todo, y aunque los expacientes no sean en extremo contagiosos, se debe tener cuidado en compartir bebidas o alimentos. El propio estudio sugiere el monitoreo a largo plazo de los pacientes recuperados y de sus contactos.

En resumen, es posible que el COVID-19 pueda permanecer en el cuerpo durante semanas después de que las personas se recuperen y hasta dos semanas después de que desaparezcan los síntomas. Epidemiólogos como Krys Johnson, de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Temple, confirman que los virus tienden a quedarse en el sistema inmunológico del cuerpo, pero interpretan que eso desarrolla una respuesta inmune fuerte.

-China: el fantasma del rebrote-

Hace 13 días, el 12 de marzo, cuando la curva de transmisiones en el mundo se empezaba a disparar, China dio por superado el pico de transmisiones de coronavirus en el país. Fue un día esperado. La Comisión Nacional de Salud hizo el anuncio exactamente siete semanas después de que se impusiera el bloqueo por cuarentena a la ciudad de Wuhan, foco de la enfermedad, y el país entrara en un largo periodo de parálisis económica y social.

China celebra el fin de pico de transmisiones (Foto: Internet)

Como una muestra de que la situación empezaba a dar muestras de una tímida recuperación, las autoridades de la provincia de Hubei —donde se encuentra Wuhan—anunciaron que comenzarían a relajar sus medidas de cuarentena, las más duras de todo el país y que afectan a sesenta millones de personas, en cuatro ciudades y comarcas.

Shanghái, la capital económica china, comenzó de inmediato a reabrir parcialmente algunos de sus lugares turísticos más emblemáticos, desde la Torre de la Perla a Disneylandia. En total, 24 provincias de una treintena rebajaron su nivel de alerta por el coronavirus.

¿Resultado? Lo que Pekín temía: la posibilidad de un repunte debido al regreso de las decenas de millones de desplazados que aún deben volver a sus hogares y puestos de trabajo tras el largo parón. O los casos importados del resto del mundo, donde las cifras de nuevos contagios aumentan rápidamente. El gran gurú científico del Gobierno chino sobre la epidemia, Zhong Nanshan, vaticinó que le el fin de la pandemia global no llegaría en realidad hasta junio.

Para evitar los presagios, Pekín, ordenó que los viajeros que lleguen desde cualquier punto del extranjero también tendrán que permanecer en aislamiento durante dos semanas para descartar la infección. El Gobierno chino también cerró otros lugares simbólicos, como el acceso desde este país al Everest. Asimismo, mundo, decidió desviar a 12 ciudades de su territorio todos los vuelos internacionales que iban a Beijing, para evitar un rebrote.

Después de tres días sin un solo caso de transmisión local, la Comisión Nacional de Salud informó el 22 de marazo que se detectó un nuevo enfermo infectado por un viajero llegado desde fuera, el primer caso conocido de este tipo en China. Poco después, las autoridades chinas anunciaron que registraron 45 nuevos contagiados, un nuevo récord de casos procedentes del exterior. Se trata de miles de chinos y extranjeros residentes que están volviendo al país después de vacaciones, viajes familiares o de trabajo.

En ese momento, un medio japonés, Apple Daily HK, denunció que no hay nuevos casos de infectados en Wuhan porque el gobierno local dejó de hacer pruebas médicas a la gente.

-Vacuna en espera-

Muchas de las esperanzas para superar la emergencia de salud mundial de manera definitiva se cifran en el desarrollo de una vacuna para el COVID-19. De momento, ha sido la empresa norteamericana de biotecnología Moderna Terapeutics la que más se ha acercado, aunque esta sigue en estado experimental, pese al tiempo récord en que lograron desarrollarla. La clave, según su director técnico de Operaciones, el español Juan Andrés, fue no haber esperado conocer el ADN del virus, sino usar el ARN (ácido ribonucleico) mensajero, es decir, información del propio cuerpo humanos.

Actualmente, la vacuna para el COVID-19 se encuentra en fase experimental (Photo by Pixabay on Pexels.com)

En estos momentos, el Gobierno norteamericano experimenta la vacuna en un grupo de 45 voluntarios. Pero de acuerdo con el científico español, todavía hay que esperar varias semanas para ver resultados y pensar en el paso a la fase 2 de la vacuna. Cuándo ocurrirá aquello, la respuesta del científico es elocuente.

“Esa es la pregunta del millón. Es difícil ser preciso por varias razones. La primera es que todavía no sabemos qué dosis será efectiva, es decir, los primeros ensayos clínicos nos van a decir cuál es la dosis que es efectiva contra el virus. Todo depende de eso. Si necesitamos una dosis de 100 para combatir el virus, entonces podremos producir una cantidad determinada, pero si la dosis que necesitamos es de 500, entonces se pueden producir cinco veces menos en el mismo espacio de tiempo (…). Ya lo han dicho las autoridades sanitarias estadounidenses, la vacuna tardará entre 12 y 18 meses, si no más”.

-Alerta permanente-

Este panorama obliga a entender que la vuelta a una “normalidad” como la que vivimos antes de la declaratoria de pandemia es, al momento, una posibilidad remota, solo para referirnos al aspecto netamente sanitario. Aún cuando las medidas tomadas por los distintos gobiernos y ciudadanos resultasen exitosas para frenar el pico de crecimiento del COVID-19, lo cierto es que el virus no nos abandonará y no podemos cantar victoria.

En otras palabras, lo que sigue al fin de la cuarenta es un necesario cambio en los hábitos sanitarios de la población peruana y mundial. Cuidados y restricciones que se deberán mantener obligatoriamente no solo hasta el fin de la cuarentena o de las dos semanas después de la desaparición de los síntomas, sino hasta el desarrollo exitoso de las vacunas y su accesibilidad real, que puede tomar varios años.

El mundo tal como lo conocimos, no volverá a ser el mismo, cuando menos en mucho tiempo.

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