El miedo y la REIVINDICACIÓN de la salud

Por: José Carlos Véliz Rosas

Médico Cirujano Universidad Peruana Cayetano Heredia, Master of Science (c) en Investigación Epidemiológica, Co Fundador de Doktuz

El miedo, esa emoción que nos conecta con la posibilidad de perder algo, nos puede llevar a cuestionar nuestros supuestos, cambiar perspectivas, retar nuestros dogmas y disponernos a acciones y opiniones nunca imaginados. La crisis (personal o colectiva) que suele estar detrás del miedo, puede generar acción y cambio, pero solo si la aceptamos y nos detenemos a reflexionar en lo que nos está sucediendo, en cómo podemos solucionarlo y en cómo evitar que nos vuelva a suceder en el futuro.

El coronavirus, un ser invisible, diminuto y de nombre raro, es el que ahora nos genera miedo. Ha logrado poner en jaque a los poderosos y a los débiles, ha infundido temor entre pobres y ricos, ha enviado a casa a personas de todas las sangres y colores de piel. Y en ese miedo, en ese silencio del toque de queda, comenzamos a valorar aquello que dábamos por sentado.

Es ahora entonces, cuando nos vemos empequeñecidos y limitados en nuestro accionar, que tenemos la oportunidad de reconocer y reivindicar lo que hoy nos parece (obvia y ridículamente) tan importante para el mundo: la salud. Y es que, sin ella, al final del día, no importan todas las posesiones, ni el poder, ni nuestro color político. Sin ella, simplemente, no existimos.

Creo que esta pausa obligada y necesaria, nos puede servir no solo para aceptar y aprender a convivir con el miedo, sino también para cuestionar y ver con diferentes ojos tres aspectos de la salud en el Perú:

  1. ¿Qué tan prioritaria es la salud en nuestro país?

La Organización Mundial de la Salud recomienda que al menos el 6% del PBI de cada país se invierta en salud. Sin embargo, en el Perú en el 2020 solo se presupuestó el 2.2%. Estamos por debajo del Promedio de Latinoamérica (4%) y es aún más dramático si nos comparamos con países de la OCDE (10.1%). Esto se traduce en menos recursos para invertir en prevención, implementación de hospitales, compra de equipos de protección personal (mascarillas, mandilones o guantes, que ahora son tan necesarios), pago justo a los profesionales de salud, implementación de una red suficientemente grande, competente y calificada para atenciones de salud de alta complejidad (como unidades de cuidados intensivos), entre otros.

Si por ejemplo hablamos de camas de hospitalización, el Perú se encuentra en el puesto 119 de 178 países, con solo 1,6 camas por cada 1000 habitantes, por debajo de Chile (puesto 100 con 2.2 camas) y extremadamente rezagado si lo comparamos con países como Alemania, Italia o España (8.3, 3.4 y 3 camas por cada 1000 habitantes, respectivamente). Esto sin mencionar las aún más escasas camas de Unidades de Cuidados Intensivos que son indispensables para atender los casos graves de COVID-19.

Es oportuno y adecuado que el gobierno haya transferido algunos cientos de millones de soles en las últimas semanas al sector salud debido a la emergencia sanitaria, pero ¿será que ya es demasiado tarde?. Los procesos de compra, implementación, distribución y entrenamiento del personal demoran. España e Italia están sufriendo saturación de sus hospitales, teniendo el doble de capacidad que nosotros. Quiero creer que esto no significa que tendremos un desenlace el doble de trágico, ya que las correctas medidas de aislamiento social que venimos cumpliendo desde hace algunas semanas, podrían no ser suficientes si no se garantiza una rápida y adecuada inversión en implementación de los nuevos hospitales y en recursos y equipos de protección para el personal de salud.

Hoy, sintiendo este miedo, me pregunto: si pudiéramos retroceder el tiempo unos meses o años, ¿alguien estaría en contra de aumentar de manera sustantiva el gasto en salud?


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  1. ¿Qué tanto valor le damos a la prevención y promoción de la salud en nuestro país?

Tenemos poco para gastar, y además de eso lo invertimos mal. Es como aquella persona de escasos recursos que prefiere invertir en un smartphone de última generación a 36 cuotas, ya que sin zapatos siempre ha vivido. Si bien hoy en día, a raíz de la emergencia sanitaria, es lógico que debamos destinar gran parte del presupuesto en implementación de hospitales y unidades de cuidados intensivos especializadas, en condiciones normales el gasto público en salud debería priorizar, valga la redundancia: ¡la salud! (y no la enfermedad).

Hablo de la salud entendida como el bienestar en todo su espectro, incluyendo el físico, mental y emocional, y no solo hablo del tratamiento y recuperación de las enfermedades que se desarrollan, muchas de las cuales pudieron ser evitadas con medidas preventivas oportunas. La distribución del poco presupuesto en salud debería priorizar centros de salud preventiva, centros de salud de primer nivel de atención (para problemas de salud comunes, dejando los grandes hospitales e institutos para los casos realmente complejos), e intervenciones comunitarias que ayuden a las personas a ser más saludables.

Sin embargo, en el Perú el 70% del gasto corresponde a la salud individual, es decir, a la curación o recuperación de las enfermedades, y solo entre el 6 y 7% se destina a la prevención y promoción de salud. ¿Quizás sería más coherente que nuestro Ministerio de Salud cambie a un nombre más realista como “Ministerio de Enfermedad”?.

Y, ¿cómo se relaciona esto con la pandemia que estamos viviendo?

Pues entre otras cosas, en algo tan simple y aparentemente obvio como el lavado de manos, siendo esta una manera básica de prevención de enfermedades diarreicas y respiratorias, como la infección por COVID-19.

La Global Handwashing Partnership de la OMS calcula que el 40% de las personas del mundo no cuenta con las facilidades necesarias para una adecuada higiene de manos. En el Perú, un estudio de A.B. Prisma realizado en hogares de zonas periurbanas y rurales, encontró que “en el 29% de los eventos de contacto con heces, las personas presentes en el hogar se lavaron las manos y utilizaron jabón en el 14% de los casos. En cuanto a los eventos de riesgo con comida, en el 20% de casos las personas se lavaron antes de tener contacto con alimentos y sólo en el 6% de los casos utilizaron jabón para lavarse las manos”. Es decir, menos de 2 de cada diez personas se lavaron las manos con jabón después de ir al baño, y solo 1 de cada 5 se lavaron las manos antes de comer o preparar alimentos, ¡pero la mayoría lo hizo sin jabón!.

Hoy estamos inundados de comerciales en radio y televisión, publicaciones en redes y discursos sobre la forma correcta de lavarse las manos. Pero el humano es un ser de hábitos, y estos necesitan de mucho tiempo para crearse: ¿Será un poco tarde para tratar de promover y enseñar algo tan elemental como un buen lavado de manos? Y, así aprendamos rápidamente, ¿todos tenemos acceso a agua y jabón? Y los lugares públicos (incluyendo los hospitales), ¿cuentan con jabón en los baños?

Adicional a la higiene de manos, existen otras actividades de prevención y promoción de la salud, como el ejercicio regular, los buenos hábitos alimenticios, la realización de exámenes médicos preventivos, la salud ocupacional y la prevención de riesgos en el trabajo, que suelen ser vistos como gastos y no como una inversión inteligente, siendo muchas veces postergados para “cuando haya tiempo o dinero”.

Hoy, sintiendo este miedo, me pregunto: si pudiéramos retroceder el tiempo unos meses o años, ¿alguien estaría en contra de invertir más en prevención y promoción de la salud? Y tú, que aún sigues leyendo este artículo (¡gracias por eso!), ¿qué estás haciendo por tu salud y bienestar? ¿Qué le estás enseñando a tus hijos sobre ser saludable?

  1. ¿Qué tanto valoramos y reconocemos el trabajo del personal de salud?

En los últimos años, una corriente en contra de los médicos ha devenido en un repudio hacia muchos de ellos, incluyendo denuncias y agresiones físicas, tildándolos muchas veces de “matasanos” o “mercaderes de la salud”. Es cierto que los médicos también podemos fallar, y que existe (como en cualquier profesión), personal de salud que quizás se equivocó de vocación, o no tiene las habilidades para lidiar con las responsabilidades y demandas de su trabajo y que quizás deberían buscar otros horizontes. Pero estos no son la mayoría.

Un artículo publicado en la prestigiosa revista The Lancet en 2008, da cuenta de que los médicos peruanos de hoy ganan hasta 4 veces menos de lo que solían ganar en 1976 (ajustado al tipo de cambio de entonces). Los internos de medicina, futuros médicos en su último año de formación, tienen la expectativa de ganar un salario de alrededor de S/8000 soles, pero la realidad es que en promedio el salario del médico peruano no llega ni a la cuarta parte de ese monto. Esto no solo desmotiva al médico, sino que también lo obliga a buscar uno o dos trabajos más, lo que deviene en una pobre calidad de vida y estrés que terminan afectando su salud y la calidad de su trabajo. Finalmente, esta falta de reconocimiento económico motiva la fuga de talentos de los médicos peruanos: Perú es el principal exportador de médicos al sistema de salud español entre los años 2001 y 2009, y según un estudio del 2008, se calcula que el 47.7% de estudiantes de medicina peruanos desean emigrar (¡uno de cada dos!)

Son hermosos y emocionantes los aplausos desde los balcones y ventanas a las ocho de la noche. Nos conmueve ver a médicos, enfermeros y técnicos dejando la seguridad de su hogar y publicando en redes: “Quédate en casa porque yo no puedo”. La palabra “matasanos” ya no se escucha, y es eclipsada por las entusiastas expresiones de “héroes sin capa”. La gratitud es infinita para todos ellos, y el reconocimiento válido y encomiable.

Pero hoy, sintiendo este miedo, me pregunto: si pudiéramos retroceder el tiempo unos meses o años, ¿alguien estaría en desacuerdo en reconocer como se debe a los profesionales de la salud (y no solo con homenajes o aplausos)? ¿Acaso es suficiente llamarlos “héroes”, decir que “es su vocación” y por ello mantenerlos mal pagados pero bien sacrificados?

Priorización, Prevención y RECONOCIMIENTO. Si es que durante estos días y semanas de miedo pandémico e inquietante silencio, logramos reflexionar sobre estos temas y a partir de ellos construir un mejor sistema de salud para el futuro, creo que entonces podremos decir que esta crisis y este miedo lograron movilizarnos y convertirnos en una mejor versión de país para las futuras generaciones de peruanos.

¡Que estén bien!


La presente es una columna de opinión. Si usted tiene una opinión contraria a nuestro columnista, lo invitamos a que exponga su punto de vista enviando un correo a columnista.pulsopress@gmail.com

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