Ellos les enseñaron

Por Fabiola Napuri, activista de salud mental. Past presidente de la Asociación Peruana de Alzheimer (APEAD)

Sus siete hijos los abandonaron

El titular lo dice todo “Pareja de ancianos olvidados por sus siete hijos en plena cuarentena de coronavirus”. Doña Rosa y don Carlos, de 78 y 88 años respectivamente, son los protagonistas de esta desgarradora historia. Ellos no fueron beneficiados con el bono de los 380 soles que otorga el Estado, no tienen pensión y ambos se encuentran enfermos.

Esta pareja vive en un pequeño cuarto en San Juan de Lurigancho, él padece de esquizofrenia y la única persona que lo puede atender es su esposa, que sufre de artrosis. En estos días, y en plena cuarentena, sobreviven gracias a la generosidad de sus vecinos; pero antes de ella doña Rosa salía a la calle a vender caramelos desde las seis de la mañana hasta la una de la tarde.

Este caso no es único en nuestro país. Se repite en diversos sectores de la ciudad y es que los adultos mayores, por lo menos uno de cada diez, son vulnerables al maltrato físico, sexual, psicológico, emocional, económico y material. Pero lo son aún más al abandono, a la falta de atención y a grandes pérdidas de dignidad y respeto.

La Ley de Salud Mental se promulgó el 30 de abril del año pasado y un año después se difundió su reglamento. El artículo 31 de dicha ley “Personas con problemas de salud mental en situación de abandono o desprotección”, señala que el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables dispondrá la búsqueda de familiares de los pacientes y, en caso de no ubicarlos dichas personas serán trasladados a hogares protegidos o a Centros de Atención Residencial del Estado, donde continuarán recibiendo tratamiento ambulatorio.

Pese a que el caso de doña Rosa y don Carlos fue dado a conocer por diversos medios de comunicación, ambos siguen olvidados por sus hijos y por el Estado. Quizás esto se deba a la emergencia que vive el país por el coronavirus. Sin embargo, ambos son personas consideradas las más vulnerables al COVID-19 y por lo tanto requieren urgente cuidado.

La demencia y la depresión en los ancianos son temas de salud pública que se traducen en problemas económicos y conflictos emocionales, familiares y sociales de gran envergadura, debido a los costos de asistencia médica que impone la necesidad de apoyo sanitario, social, financiero y legal que requiere el Estado para enfrentarlo.

Se desconoce el porcentaje de adultos mayores con alguna enfermedad mental que están internados en algún hogar privado para ancianos. Muchos no los quieren recibir argumentando que ellos requieren atención y cuidados especiales 24 horas al día y 7 días de la semana, por los cambios, muchas veces agresivos, en su comportamiento. La esquizofrenia de don Carlos es una enfermedad mental que se caracteriza por alteraciones de la personalidad, alucinaciones y pérdida de contacto con la realidad. Es cara y dado su edad tendría que estar internado en un psiquiátrico, siendo atendido por especialistas.

La vejez de un enfermo mental es dolorosa si no hay voces que se eleven para exigir atención. Muchos de ellos son abandonados y olvidados, no sólo por los hijos, sino por el Estado peruano. Recordemos que la Constitución Política en el artículo primero de los Derechos     Fundamentales de la Persona reza “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta sobre el rápido envejecimiento de la población mundial y enfatiza que la salud mental influye en la salud del cuerpo y viceversa. Por ejemplo, los adultos mayores con problemas cardiovasculares presentan tasas más elevadas de depresión que quienes no la padecen.


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Es claro, entonces, que a medida que envejecemos aumentan las probabilidades de padecer alguna demencia y varias otras afecciones como hipertensión, diabetes, hipoacusia (sordera) o artritis a la misma vez. Se estima que el 6.6% de este grupo etario padece algún trastorno mental o del sistema nervioso; la demencia y la depresión son las enfermedades neuro psiquiátricas más comunes, mientras que los trastornos de ansiedad afectan a un 3.8%. Pero estas cifras pueden no ser del todo reales dado el estigma que aún persiste en nuestra sociedad y que impide que los familiares decidan buscar ayuda especializada.

Por todo esto, el deterioro físico o mental de los padres en la vejez es difícil de asumir, no sólo por ellos mismos, sino también por sus familiares. Es una condición agobiante en lo económico, social, emocional y familiar. Suele generar en algunos hijos sentimientos que no quieren enfrentar, pues éstos exigen no sólo dinero, sino mucho esfuerzo, sacrificio y tiempo.  Muchos de ellos, aseguran, encuentran casi imposible extender su tiempo a sus enfermos padres cuando tienen que repartirlo entre la casa, los hijos, la pareja y el trabajo.

Así, existen situaciones sumamente difíciles y tristes para muchos adultos mayores. La primera es saberse olvidados y estar casi en la indigencia, sin dinero para alimentos, medicinas ni abrigo. La segunda es la falta de comunicación, limitándose a recibir llamadas sólo en fechas especiales o en determinadas ocasiones. La tercera es más dolorosa aún: abandonados cuando tienen alguna demencia.

Doña Rosa y don Carlos sufren el más completo de los olvidos. Desde hace once años no saben nada de sus siete hijos, a los que no sólo alimentaron, sino que enseñaron a caminar y a hablar. Lo único que podemos hacer es buscar una rápida solución que no significa dinero, sino instituciones y personas que les brinden el abrigo físico y emocional que necesitan.


La presente es una columna de opinión. Si usted tiene una opinión contraria a nuestro columnista, lo invitamos a que exponga su punto de vista enviando un correo a columnista.pulsopress@gmail.com

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